"Para pertenecer al Reino de los Cielos no basta invocar al Señor, aunque se haga con fe viva; es necesario cumplir la voluntad divina acomodando nuestra vida a los principios establecidos por Cristo. El evangelio (Mt 7,21.24-27) insiste en la existencia de dos tipos de discípulos, en primer lugar encontramos al pruedente, éste es el que escucha las palabras de Cristo y las pone en práctica, quien así vive no desfallece. Este primer tipo de discípulo pone su confianza en la Palabra de Dios, que en este contexto tiene dos características: Por un lado es manifestación de la verdad. La raiz de esta palabra, en la Biblia, alude a la solidez de algo sobre lo que uno puede apoyarse. Designa también a la columna que sostiene un edificio, se refiere al apoyo que el niño recibe de su madre cuando descansa entre sus brazos. El símbolo de la verdad, por lo tanto, es la roca; ésta marca la solidez inconmovible de la Palabra de Dios, en la cual es legítimo que el hombre juegue el destino de su inteligencia y empeñe el de su vida, orientandola según la voluntad de Dios. Es efectivamente un apoyo más seguro para el hombre que el mismo hombre, por eso el salmista expresa: Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres. Por otro lado la Palabra de Dios es promesa de bienes. esta promesa de Dios es irrevocale, expresa que la fidelidad a su promesa es absolutamente segura, y que podemos apoyarnos sin reservas en su palabra, no solamente por cuanto revela lo que es, sino porque promete lo que será. Dios es entonces una roca en la medida en la que se le puede tener absoluta confianza y estar seguro de su sostén. Confiad siempre en el Señor es la Roca perpetua.
El segundo tipo de discípulo es el necio, éste es el que escucha las palabras de Cristo pero no las pone en práctica, sino que orienta su vida, dejándose llevar por criterios relativos, que no le permiten sostenerse cuando atraviesa por tribulaciones. Tú ¿qué clase de discipulo eres?."
Tomado del Oracional El Man está vivo.
Padre Aberto Linero Gómez
miércoles, 23 de febrero de 2011
martes, 22 de febrero de 2011
¿Qué es realmente el Evangelio?
En el primer capítulo del Evangelio según San Marcos emcontramos una descripción del comienzo de la vida pública de Jesús y, al mismo tiempo, el contenido fundamental de su mensaje. Marcos define el anuncio de Jesús como Evangelio. Pero, ¿Qué es realmente el evangelio?.
El Papa Benedicto XVI nos dice que recientemente se ha traducido como "Buena Noticia"; sin embargo, aunque suena bien, queda muy por debajo de la grandeza que encierra realmente la palabra "Evangelio". Este término forma parte del lenguaje de los emperadores romanos, que se consideraban señores del mundo, sus salvadores, sus libertadores. Las proclamas que procedían del emperador se llamaban evangelios, independientemente de que su contenido fuera especialmente alegre y agradable. Lo que procede del emperador -ésa era la idea de fondo- es mensaje salvador, no simplemente una noticia, sino transformación del mundo hacia el bien. Cuando los evangelistas toman esta palabra -que desde entonces se convierte en el término habitual para definir el género de sus escritos-, quieren decir que aquello que los emperadores, que se tenían por dioses, reclamaban sin derecho, aqui ocurre realmente: se trata de un mensaje con autoridad que no es solo palabra, sino también realidad. En el vocabulario que utiliza hoy la teoría del lenguaje se diría así: el Evangelio no es un discurso meramente informativo, sino operativo; no es simple comunicación, sino acción, fuerza eficaz que penetra en el mundo salvándolo y transformándole.
Marcos habla del "Evangelio de Dios"; no son los emperadores los que pueden salvar al mundo, sino Dios. Y aquí se manifiesta la palabra de Dios, que es palabra eficaz; aquí se cumple realmente lo que los emperadores pretendían sin poder cumplirlo.
Aquí, en cambio, entra en acción el verdadero Señor del mundo, el Dios vivo. Nosotros tenemos que abrir el corazón y disponernos a que irrumpa esa "fuerza" de Dios y haga maravillas en nuestro ser."
Padre Alberto Linero Gómez
Tomado del oracional diario "El Man está Vivo"
El Papa Benedicto XVI nos dice que recientemente se ha traducido como "Buena Noticia"; sin embargo, aunque suena bien, queda muy por debajo de la grandeza que encierra realmente la palabra "Evangelio". Este término forma parte del lenguaje de los emperadores romanos, que se consideraban señores del mundo, sus salvadores, sus libertadores. Las proclamas que procedían del emperador se llamaban evangelios, independientemente de que su contenido fuera especialmente alegre y agradable. Lo que procede del emperador -ésa era la idea de fondo- es mensaje salvador, no simplemente una noticia, sino transformación del mundo hacia el bien. Cuando los evangelistas toman esta palabra -que desde entonces se convierte en el término habitual para definir el género de sus escritos-, quieren decir que aquello que los emperadores, que se tenían por dioses, reclamaban sin derecho, aqui ocurre realmente: se trata de un mensaje con autoridad que no es solo palabra, sino también realidad. En el vocabulario que utiliza hoy la teoría del lenguaje se diría así: el Evangelio no es un discurso meramente informativo, sino operativo; no es simple comunicación, sino acción, fuerza eficaz que penetra en el mundo salvándolo y transformándole.
Marcos habla del "Evangelio de Dios"; no son los emperadores los que pueden salvar al mundo, sino Dios. Y aquí se manifiesta la palabra de Dios, que es palabra eficaz; aquí se cumple realmente lo que los emperadores pretendían sin poder cumplirlo.
Aquí, en cambio, entra en acción el verdadero Señor del mundo, el Dios vivo. Nosotros tenemos que abrir el corazón y disponernos a que irrumpa esa "fuerza" de Dios y haga maravillas en nuestro ser."
Padre Alberto Linero Gómez
Tomado del oracional diario "El Man está Vivo"
viernes, 18 de febrero de 2011
El Cristiano está siempre en movimiento
"No permitas, Señor, que nos quedemos quietos e inmóviles ante la realidad maravillosa de la vida. No permitas que nos acostumbremos demasiado a una sola manera de vivir la espiritualidad. No dejes que la fe se nos convierta en una excusa para no luchar, para no perseguir lo que anhelamos, para no intentarlo una y otra vez hasta lograrlo. No dejes que seamos mediocres, ni inmóviles, ni estáticos. Por el contrario, que tu invitación al seguimiento siempre sea una invitación a no quedarse quieto, a no detenerse, a no pensar que ya hemos llegado a la meta. Sino por el contrario, saber que nuestra meta es el camino, es el movimiento, es el seguimiento. Que cada día a tu lado se convierta en una experiencia en la que nos vemos llamados a salir de nosotros mismos para acercarnos a Ti y a los otros. Permite, Señor, que en la semilla de nuestro corazón germine un interés verdadero por seguirte, por vivir tu camino en la realidad de todos los días. Amén"
Padre Alberto Linero Gómez
Tomado de El Man está vivo, para jóvenes
Padre Alberto Linero Gómez
Tomado de El Man está vivo, para jóvenes
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