Convertirse es seguir el camino de Cristo cuando el hombre se ha desviado por senderos torcidos; convertirse es asumir la propia condición de creyente, e imprimir a su vida el sello del Espíritu; es alimentarse con la palabra hacia una renovación.
La conversión, en el sentido literal de la palabra, significa cambio. La historia de los grandes convertidos es una historia de muchas historias. Cada conversión, empezando por las de Leví, el publicano; Zaqueo, el acaudalado, y Saulo, el fanático perseguidor de los cristianos, ha tenido un momento glorioso: el encuentro con Cristo; luego la respuesta, y ésta culmina con un cambio total de pensamiento y de vida.
Pero lo primero es oír la Palabra, estar atentos y despiertos a ser tierra fértil, porque así la semilla dará frutos en abundancia.
Por eso, un propósito para esta Cuaresma ha de ser buscar los momentos para escuchar la Palabra, y “no ser duros de oído a su voz”.
Es práctica saludable en la Cuaresma, asistir a los ejercicios espirituales para reflexionar, para examinar la propia conducta, para entender cuál será la voluntad de Dios para cada uno “ahora y aquí”, porque la vida es breve.
Tomado de Informador.com.mx
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